SESENTA Y DOS CUMPLEAÑOS
Debo reconocer cierto desconcierto.
No sé si por llegar al mundo en el estío
y festejar aniversario en pleno invierno.
Tal vez desconcertada
porque aunque yo, no lo crea del todo
hoy han pasado delante de mis ojos
sesenta y dos años.
Iban ufanos, como vanagloriándose de haber vivido
atados a la maroma azul de lo humano.
Y así desfilaron ante mí,
la que fui, la que soy, la que quisiera ser.
Fue un placer viajar por los jardines de la infancia
poblada de bellas y espinosas rosas.
Recuerdos de aquellos años de chiquilla enamorada
abierta al universo.
Y era maravilloso impregnar con nuestros flujos
la caliente arena del mar,
encender las alcobas con aroma de sexo,
apurando la noche de café en café.
Me ví, creciendo y multiplicando
frutos de amor, útil a la especie.
Noches de amor y poesía, de poesía y amor.
Volamos de una costa a otra del Atlántico
y aquí me tenéis en mi segunda patria.
La poesía siempre a nuestro lado.
El corcel se detuvo para saludar a la muerte
que se llevó con su garfio la vida de Pablo.
Fueron días de lucha, como ejército fiero
resistimos el embate.
Si no hablo en mi nombre
es porque sin ellos no hubiera podido
detener a la parca.
Capitán, por su mano firme para orientar el barco
por su apego a la vida, su palabra justa,
su manera de amar, me rindo, otra vez me rindo.
Pasaron los años, los hijos crecieron
se hicieron del mundo.
Pintura, escultura, cine, libros y amigos y camaradas
y camaradas y más amigos.
Todo ha cambiado en la envoltura que es mi cuerpo
y sin embargo, aquí entre las letras, goce infinito
soy capaz de hacerle un guiño al almanaque.
Si cierro los ojos, las pieles son tersas,
la caricia me eriza,
la voz me subyuga y me trae el recuerdo
de aquella ragazza que colgada de tu brazo
bajaba la cuesta saltando traviesa.
¿Quién podrá decirme que ésta, la de hoy,
no es la misma alegría?
Que esa soy yo, cayendo en mis brazos, para nacer
una vez más.
Olga de Lucia
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